El Banco Central dio un paso firme en el reordenamiento del esquema monetario al levantar el techo tácito de $1.500 que pesaba sobre las cotizaciones financieras del dólar. La decisión representa una apuesta contundente por la libre oferta y demanda en el mercado cambiario, abandonando las intervenciones directas que consumían divisas en las operaciones de liquidez de bonos.
La medida tuvo un impacto inmediato en la estructura de las tasas de interés de referencia del sistema bancario. Al permitir la libre flotación dentro de las bandas proyectadas, el Ministerio de Economía busca que las rendimientos en pesos absorban el excedente de liquidez, incentivando a las entidades financieras a sostener colocaciones a plazo fijo por encima de la expectativa inflacionaria.
Sin embargo, diversos consultores privados señalan los riesgos inherentes a esta flexibilidad. Un movimiento abrupto en el tipo de cambio paralelo podría trasladarse rápidamente a los precios al consumidor de la canasta básica, interrumpiendo la tendencia descendente del índice de precios registrado en los últimos meses.
Desde el seno del equipo económico afirman que la estricta disciplina fiscal y el apretón monetario son garantías suficientes para evitar corridas contra la moneda nacional. La apuesta pasa por consolidar un equilibrio donde el tipo de cambio deje de actuar como el único ancla del sistema.
¿Conseguirá el Banco Central mantener bajo control la inflación en este nuevo escenario de flotación y tasas adaptativas?