La derrota de la Selección Argentina ante España sigue generando un torbellino de especulaciones. El reconocido periodista Mariano Closs ha salido a reflexionar categóricamente sobre las teorías conspirativas que circulan, sugiriendo que la explicación podría ser más simple que un complot. Sin embargo, en un país donde la desconfianza es moneda corriente, las explicaciones fáciles rara vez satisfacen a la opinión pública. Es un hecho que la cultura de la conspiración se arraiga profundamente cuando la frustración o la incredulidad sobre un resultado son grandes. Cuestionar el rendimiento de los jugadores o las decisiones técnicas se vuelve secundario frente a la idea de que "algo raro pasó". Esto desvía el foco de un análisis serio sobre el desempeño deportivo, hacia narrativas que buscan culpas externas, a menudo sin fundamento. La reflexión de Closs es un llamado a la cordura, pero también expone un síntoma de nuestra sociedad: la dificultad para aceptar las derrotas y analizar críticamente los propios errores, prefiriendo la comodidad de una teoría que exime de responsabilidades. ¿Hasta qué punto esta mentalidad afecta no solo al deporte, sino también a la política y la economía?