San Lorenzo vivió una jornada para el olvido en la Copa Argentina, despidiéndose del torneo a manos de Riestra, un rival en el papel accesible. Este "golpazo" se produce nada menos que en el debut de Néstor "Pipo" Gorosito como director técnico, encendiendo las alarmas y las críticas sobre la planificación y el rumbo del equipo. ¿Es una señal temprana de que el proyecto no arranca, o solo un tropiezo esperable en la búsqueda de una nueva identidad?

La caída, consumada en la tanda de penales, no solo representa una derrota deportiva sino también un duro golpe anímico y económico para un club que busca estabilidad. La afición de San Lorenzo, ya castigada por años de irregularidades, exige respuestas inmediatas. El "efecto nuevo DT" no se hizo sentir y la incertidumbre crece en Boedo.

¿Qué tan rápido debe un equipo mostrar resultados cuando la urgencia apremia y los objetivos se esfuman con rapidez? ¿Pesa más la ilusión de un nuevo entrenador o la contundencia de una eliminación que hiere de muerte?