En el marco de las estrategias para reactivar la venta de bienes durables y devolver dinamismo a la industria nacional, el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger e integrantes del equipo económico conducido por Luis Caputo aceleran la implementación de una nueva línea de créditos UVA orientada exclusivamente a la compra de autos 0km y usados seleccionados. La medida busca apalancar el consumo a través de cuotas iniciales significativamente más bajas que las del financiamiento prendario tradicional.
El mecanismo financiero propuesto por el Palacio de Hacienda apunta a captar a compradores de la clase media que hoy se ven imposibilitados de acceder a un vehículo por las elevadas tasas nominales del mercado libre. Según defienden las autoridades, con un sendero de inflación en paulatina desaceleración, el ajuste por Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) permitirá predecibilidad en el capital y sostenibilidad a largo plazo tanto para los usuarios como para las entidades bancarias participantes.
Sin embargo, la iniciativa reabrió viejos temores dentro de las asociaciones de consumidores y economistas del sector privado. El recuerdo de los inconvenientes enfrentados por miles de familias endeudadas bajo sistemas indexados durante ciclos de volatilidad macroeconómica genera reservas sobre la viabilidad de aplicar este instrumento a bienes que sufren una amortización acelerada, como es el caso de los vehículos automotores.
Desde el sector automotriz y las concesionarias observan con expectativa el anuncio, destacando que la parálisis de ventas requiere un motor financiero urgente para despejar el stock acumulado. La clave del programa residirá en la capacidad del Gobierno para consolidar la estabilidad de precios y asegurar que el ritmo de actualización de los salarios reales no vuelva a quedar desfasado frente a la pauta inflacionaria diaria.
¿Serán estos créditos indexados la solución esperada para el mercado automotor o terminarán convirtiéndose en un riesgo financiero para los compradores?