La situación en los supermercados argentinos es un reflejo inequívoco de la contracción del consumo y el deterioro del poder adquisitivo. Con la facturación por debajo del promedio de los últimos ocho años en 22 de 24 distritos, la cruda realidad golpea la mesa: las familias ajustan sus gastos al máximo, priorizando lo esencial. Las cifras son claras y muestran una tendencia preocupante más allá de cualquier discurso oficial.
Para Panorama.ar, esta caída del consumo no es meramente un número, sino el termómetro del impacto de la inflación y la presión impositiva sobre los bolsillos de los trabajadores. El ahogo fiscal y la falta de incentivos para la inversión productiva terminan por asfixiar al mercado interno, afectando tanto a consumidores como a empresas. Es un círculo vicioso que requiere atención urgente.
La pregunta que emerge es: ¿cuánto más puede soportar el consumo interno antes de que esta crisis se profundice y afecte aún más el empleo y la producción? ¿Qué medidas concretas se proponen para reactivar la economía real y devolverle poder de compra a la gente?