Argentina mantiene uno de los consumos per cápita más altos de la región, un dato que a primera vista podría parecer alentador. Sin embargo, las proyecciones advierten sobre un crecimiento "lento" en el futuro cercano, lo que genera interrogantes sobre la capacidad real de reactivación económica. En un país donde el consumo interno es un motor clave, ¿es esta desaceleración una consecuencia inevitable del ajuste o un síntoma de una política económica que aún no encuentra el camino para estimular la demanda sin caer en desequilibrios fiscales?
Desde una perspectiva liberal, el consumo sostenible se basa en la inversión productiva y salarios reales, no en el gasto público desenfrenado. No obstante, la caída del poder adquisitivo y el contexto inflacionario han golpeado duramente a los bolsillos. Las decisiones de gobierno, que buscan ordenar la macroeconomía, deben ahora demostrar cómo se traducirán en una mejora del consumo sin generar nuevas distorsiones. ¿Será la disciplina fiscal suficiente para impulsar la confianza y, con ella, un verdadero repunte del consumo, o se requieren medidas más activas para desatar el poder de compra de los ciudadanos?