El balance de pagos publicado por el Banco Central encendió las luces amarillas en la mesa de operaciones de la autoridad monetaria. Durante el último período mensual, la demanda neta de divisas por parte de personas humanas para atesoramiento y consumo con tarjeta en el exterior alcanzó los US$ 3.319 millones, marcando un registro no visto en la historia reciente de los registros oficiales de compra de dólares.
El desglose de los datos revela que una porción sustantiva de la salida de dólares estuvo traccionada por el drenaje en el rubro de servicios turísticos y pagos con tarjetas de crédito en el extranjero, impulsado por una brecha cambiaria acotada y la percepción de un dólar percibido como accesible en comparación con los costos de la economía doméstica. A ello se sumó la persistente preferencia del pequeño ahorrista por dolarizar saldos disponibles ante la incertidumbre económica general.
La magnitud del flujo comprador pone bajo tensión la estrategia de acumulación de reservas internacionales que persigue el equipo económico. Aunque la vigencia de controles y retenciones permite sostener un flujo positivo desde las liquidaciones agroexportadoras, la demanda creciente del sector privado amenaza con absorber los excedentes necesarios para hacer frente a los vencimientos de deuda soberana del próximo trimestre.
Analistas del sector financiero señalan que la persistencia de una elevada demanda de divisas refleja la falta de alternativas de inversión en moneda local que rindan por encima de las expectativas de devaluación implícita. Con una brecha que oscila según la liquidez de mercado, la pregunta clave vuelve a instalarse en el debate macroeconómico. ¿Podrá el Banco Central sostener la estabilidad del esquema de pagos sin aplicar mayores restricciones a la demanda privada?