La persistente brecha de precios en insumos industriales, con Argentina pagando hasta un 49% más que sus vecinos como Brasil y Chile, es un claro indicador de la falta de competitividad estructural de nuestra economía. Este desfasaje no solo encarece la producción local, sino que también desincentiva la inversión y frena la creación de empleo genuino. ¿Hasta cuándo se sostendrá un modelo que castiga a la industria?

El informe señala que, a pesar de cierta convergencia de precios en algunas áreas, la carga impositiva, los costos laborales no salariales y la maraña regulatoria continúan siendo barreras infranqueables. Mientras el Estado se muestra reacio a ceder privilegios y a desburocratizar, nuestras empresas operan en desventaja, perdiendo mercados y capacidad de expansión. La retórica de la "industria nacional" choca con una realidad económica brutal.

¿Es realmente posible hablar de un futuro industrial próspero si no se abordan con seriedad las reformas estructurales que permitan a las empresas competir en igualdad de condiciones?