La industria argentina se encuentra en una situación crítica: producir en el país puede ser hasta un 65% más caro que en Brasil o Chile para insumos clave. Esta diferencia, que debería ser un llamado de atención urgente, se traduce en una pérdida brutal de competitividad y una fuga de inversiones que desangra al sector productivo. La presión impositiva desmedida, los costos laborales sobredimensionados por regulaciones anacrónicas y una infraestructura deficiente son solo algunos de los factores que explican este panorama desolador.
Mientras la 'casta' política discute nimiedades, miles de empresas luchan por subsistir. La falta de una política económica coherente que fomente la inversión, reduzca el gasto público improductivo y desregule la economía condena a la industria local a la irrelevancia. Los vecinos ofrecen estabilidad y costos más bajos, atrayendo capitales y generando empleo que aquí se pierden.
¿Hasta cuándo se seguirá ignorando esta realidad lacerante? ¿Es sostenible un modelo que encarece la producción a tal punto que competir se vuelve una quimera? La industria demanda respuestas, no más excusas.