Felipe Pigna, una de las voces más reconocidas en la historiografía argentina, aportó una perspectiva provocadora al debate sobre el racismo en el país. Al afirmar que "Argentina tiene más clasismo económico que racismo", Pigna sugiere que las divisiones sociales y la discriminación se articulan prioritariamente en torno a la estratificación económica y no tanto a la pigmentación de la piel, aunque no niega la existencia de esta última. Esta visión interpela directamente la forma en que el país ha construido su narrativa de "crisol de razas" y oculta sus propias grietas.
El planteo de Pigna invita a una revisión crítica de las políticas públicas y del discurso social. ¿Estamos realmente combatiendo las raíces profundas de la desigualdad si nos enfocamos solo en el racismo sin abordar la estructura de clases subyacente? Esta tensión entre clasismo y racismo es fundamental para entender por qué ciertas poblaciones son sistemáticamente marginadas y cómo los estigmas se perpetúan. Es hora de preguntar: ¿cuáles son los verdaderos motores de la discriminación en Argentina y cómo se intersecan, si es que lo hacen, la clase y la raza en nuestra sociedad?