La nueva pirámide social argentina exhibe un dato alarmante: el 78% de los hogares se encuentra entre la clase media baja y la pobreza. Este no es un mero número; es la radiografía de un fracaso sistémico. La clase media, motor histórico del país, se desmorona a pasos agigantados, arrastrada por la inflación galopante, la asfixiante presión impositiva y la falta de oportunidades genuinas que impulsen el ascenso social. Lo que antes era un orgullo, hoy es un lujo para pocos.
Las políticas intervencionistas y el gasto público descontrolado han pulverizado el poder adquisitivo de los trabajadores y emprendedores, empujándolos hacia una precarización cada vez mayor. El relato de la 'igualdad' esconde una realidad de empobrecimiento generalizado, donde solo una minoría vinculada al poder o a sectores protegidos logra mantenerse a flote. La promesa de un futuro mejor se disuelve ante la evidencia de una sociedad cada vez más polarizada y con menos esperanzas.
¿Qué tipo de país estamos construyendo cuando la vasta mayoría lucha por no caer en la indigencia? ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando este modelo que destruye el futuro de millones de argentinos?