La noticia de que el Ayuntamiento de París ha reclamado formalmente al canciller francés por el estado de la Casa de la Argentina en la Ciudad Universitaria internacional de la capital gala es una señal alarmante. Este icónico edificio, símbolo de la presencia cultural y académica argentina en Europa, parece sufrir las consecuencias de la desidia y la falta de mantenimiento. Un reclamo de esta índole desde una autoridad extranjera es un claro indicio de que el Estado argentino, a través de sus distintas administraciones, ha fallado en la custodia y valoración de su propio patrimonio.
Esta situación no solo es una vergüenza a nivel diplomático y cultural, sino que también revela una triste constante de la "casta" política argentina: la incapacidad para gestionar eficientemente los recursos y activos del país, incluso aquellos que representan nuestra imagen en el mundo. Mientras se discuten gastos superfluos a nivel local, edificios como este caen en el abandono, afectando nuestra reputación internacional. ¿Es la Casa de la Argentina en París un mero inmueble a olvidar, o un espejo de la desidia que padece el país internamente?