El ministro de Economía, Luis Caputo, no titubeó al anunciar nuevas inversiones bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), destacando una vez más que "Argentina ha sido arrasada en los últimos 25 años". Esta afirmación, que resuena con la narrativa del gobierno de turno, busca justificar la urgencia de medidas liberales y la apertura a grandes capitales para revertir décadas de estancamiento y populismo.
Sin embargo, la crítica no se hizo esperar. Sectores industriales y pymes advierten sobre los riesgos de una desprotección de la producción nacional, mientras que la oposición acusa al gobierno de facilitar la fuga de divisas sin garantías de desarrollo local. ¿Es el RIGI el faro de esperanza para la inversión que el país necesita desesperadamente, o una cesión de soberanía económica que podría profundizar desigualdades y liquidar la industria local, como advierten algunos?