En un giro táctico de su programa monetario, el ministro de Economía, Luis Caputo, ha comenzado a implementar medidas destinadas a inyectar liquidez y dinamizar la circulación de la moneda nacional en los circuitos comerciales. La decisión bajo la premisa de que Caputo libera pesos responde a la necesidad imperiosa de reanimar la reactivación económica y frenar el prolongado estancamiento de las ventas que afecta a comercios e industrias de todo el país. Esta flexibilización de la estricta absorción monetaria inicial introduce nuevos interrogantes sobre el equilibrio entre el fomento de la actividad y el control de los precios.
Durante los primeros meses de gestión, la prioridad de las medidas económicas de Luis Caputo se centró en "secar la plaza" de pesos para desarmar la bomba de las Leliqs, aplacar la cotización de los dólares financieros y deprimir el índice de precios. Logrado este ordenamiento macroeconómico inicial, el Palacio de Hacienda busca ahora apuntalar la economía real facilitando que las entidades financieras reorienten su liquidez hacia los canales de crédito productivo y de consumo personal. Esta paulatina inyección de circulante busca dar oxígeno a las pymes y al sector comercial, que han enfrentado una severa caída de rentabilidad producto de la recesión. No obstante, el desarme de las restricciones plantea el desafío de monitorear de cerca la velocidad de circulación del dinero para evitar que se desvíe hacia la brecha cambiaria.
Las consecuencias de esta política de liberación controlada de liquidez exponen los sutiles matices del rumbo económico oficialista. Si los pesos inyectados se canalizan efectivamente hacia el incremento de la producción y la inversión genuina, el país podría experimentar una recuperación sostenida sin presiones sobre el tipo de cambio. Por el contrario, si los agentes económicos perciben que la inflación estructural aún no ha sido derrotada, la demanda de dólares como refugio de valor podría reactivarse, presionando sobre la estabilidad lograda con tanto esfuerzo.
¿Logrará el ministro Caputo dinamizar la actividad comercial mediante la inyección de pesos sin reavivar la inestabilidad cambiaria e inflacionaria que amenazaba el modelo económico?