La llegada del libertarismo al poder ha desempolvado una de las discusiones fundacionales y más persistentes de la historia económica argentina. El diseño del modelo economico milei, centrado en la desregulación, la apertura comercial y la eliminación de incentivos estatales sectoriales, reabre la vieja dicotomía entre el campo vs industria como motores exclusivos o complementarios del desarrollo argentino en el siglo XXI.
Durante más de un siglo, el país osciló entre el modelo agroexportador, apalancado en las ventajas comparativas naturales de la Pampa Húmeda, y el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, impulsado por el peronismo y el desarrollismo. La economia de milei se inclina decididamente por el primer enfoque, sosteniendo que la industria nacional debe competir libremente sin el auxilio de subsidios, aranceles protectores o tipos de cambio múltiples que históricamente castigaron al sector agropecuario mediante retenciones distorsivas.
Los críticos de este esquema de libre mercado advierten que una economía primarizada no tiene la capacidad de generar la cantidad de puestos de trabajo de calidad que requiere la densa población de los cordones urbanos del país. Las cámaras industriales locales alertan que la apertura comercial indiscriminada, combinada con la falta de infraestructura de transporte y la alta presión impositiva subnacional, podría derivar en el cierre masivo de pequeñas y medianas empresas de manufactura de consumo masivo que no pueden competir frente al bajo costo internacional.
El desafío de la historia economica argentina radica en encontrar un punto de equilibrio que permita potenciar la competitividad global del campo sin condenar a la desaparición a los sectores industriales que agregan valor y tecnología a nivel local. La respuesta de este gobierno es contundente: el mejor asignador de recursos es el mercado libre y globalizado. ¿Podrá la Argentina desarrollarse de manera armónica basándose exclusivamente en sus ventajas comparativas naturales, o la destrucción del tejido industrial preexistente dejará un costo social difícil de asimilar?