La actividad comercial en la Argentina sigue sin encontrar su piso y acumula señales de alarma extrema en los principales centros urbanos del país. Según el último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), se registró una nueva caída de ventas minoristas interanual en agosto, confirmando que la recesión del consumo pyme no ha logrado revertirse a pesar de la aparente desaceleración de la inflación mensual.
Las ventas comercios minoristas reflejan de manera directa el deterioro de los salarios reales y la priorización de los gastos familiares en rubros esenciales como alimentos y medicamentos. El consumo generalizado de indumentaria, calzado y electrodomésticos experimentó las bajas más pronunciadas del período, obligando a los comerciantes a reducir márgenes de ganancia y ofrecer financiamiento propio para intentar sostener un nivel mínimo de actividad comercial CAME que evite el cierre de locales.
Desde el sector empresarial pyme advierten que la presión impositiva, sumada al incremento desproporcionado de las tarifas de servicios públicos, ha transformado el costo de mantenimiento de los comercios en una variable insostenible. Esta crisis del consumo se ve agravada por la falta de acceso a líneas de financiamiento productivo a tasas razonables, impidiendo cualquier intento de modernización o expansión de los negocios de cercanía.
El persistente enfriamiento de la actividad comercial plantea un panorama sumamente complejo para la recaudación fiscal y el empleo en el sector privado, que representa uno de los mayores empleadores de mano de obra del país en el ámbito urbano.
La lenta y dispar recuperación de las paritarias frente a los aumentos de tarifas domiciliarias sugiere que el consumo tardará meses en mostrar señales concretas de reactivación generalizada en las grandes ciudades.
¿Podrán los comercios de barrio resistir la prolongada recesión económica hasta que el poder adquisitivo de los salarios muestre una recuperación real y sostenida?