La actualización del célebre Índice Big Mac, elaborado históricamente por la revista The Economist para comparar el poder adquisitivo entre distintos países, ubicó a la Argentina en el segundo lugar del ranking mundial de las hamburguesas más costosas medidas en dólares americanos. El dato reavivó de inmediato el acalorado debate entre economistas, empresarios y consultores sobre la existencia de un atraso cambiario en la economía local.

De acuerdo con la medición, el precio expresado en divisa extranjera de este producto estandarizado en la Argentina supera con holgura a marcas registradas en casi todas las economías europeas y de la región. Quienes advierten sobre el fenómeno sostienen que la combinación de un dólar relativamente estable con costos internos en pesos al alza ha generado una economía cara en moneda dura, restando competitividad a las economías regionales y al sector industrial industrializado.

En la vereda opuesta, los economistas alineados con la visión del Ministerio de Economía argumentan que la comparación simplista del Big Mac descuida las transformaciones estructurales en curso, como la desregulación de mercados y la abrupta baja del riesgo de crédito. Para el equipo oficial, el encarecimiento en dólares es la consecuencia natural de un proceso de ordenamiento fiscal y recuperación de la confianza en la moneda local, similar al experimentado por otros países emergentes exitosos.

El impacto de este fenómeno trasciende los debates teóricos y golpea de lleno en el turismo saliente y la balanza de pagos. Sectores pyme e industriales expresan una creciente inquietud ante la pérdida de margen para competir frente a productos importados que ingresan a precios altamente competitivos.

💬 Punto de debate

La controversia sobre los costos en divisa extranjera ocupa el centro de la escena productiva nacional. ¿Se encaminará la Argentina hacia una ganancia genuina de productividad o el encarecimiento en dólares frenará la reactivación industrial?