La confirmación de Argentina como sede del Congreso Americano FIA 2026 es una noticia que ilusiona a los aficionados del automovilismo y a quienes sueñan con el retorno de la Fórmula 1. Este evento pone al país en el foco internacional, abriendo puertas a posibles inversiones y alianzas. Sin embargo, la euforia debe ser cautelosa: albergar un congreso es un paso, pero el real desafío es mantener una presencia constante y competitiva en la élite del automovilismo, lo cual requiere infraestructura y una política deportiva a largo plazo.

El camino para traer de vuelta la Fórmula 1 o eventos de similar magnitud no es solo cuestión de voluntad política, sino de una infraestructura adecuada y, crucialmente, de estabilidad económica y fiscal. Históricamente, Argentina ha tenido dificultades para sostener estos proyectos por los vaivenes macroeconómicos y la falta de planificación a largo plazo. ¿Se podrá esta vez capitalizar el impulso de la FIA para sentar bases sólidas, o será un esfuerzo aislado que no logra trascender la coyuntura?