La designación de Argentina como sede del Congreso Americano FIA 2026 marca un retorno a la escena global del automovilismo. Si bien es una oportunidad para posicionar al país, el historial reciente de grandes eventos con injerencia estatal nos obliga a la cautela. ¿Será esta una verdadera plataforma para el desarrollo y la inversión privada, o se convertirá en otro nicho de gasto público discrecional?

Desde nuestra visión, cada evento internacional debe ser una oportunidad para potenciar el sector privado y generar divisas genuinas, no una excusa para incrementar partidas presupuestarias opacas. La transparencia en la gestión de los recursos y la participación activa de empresas son condiciones innegociables para que este tipo de iniciativas tengan un impacto positivo y duradero.

En un contexto de fragilidad económica, la pregunta clave es: ¿cómo se garantizará que este congreso sea un motor de progreso y no una carga para el contribuyente, sin caer en la tentación de "la casta" por la caja?