La CEPAL proyectó un crecimiento para Argentina superior al promedio regional, un dato que, a primera vista, podría ser motivo de optimismo. Sin embargo, el mismo informe encendió una luz de alerta sobre la persistencia de la informalidad laboral y la baja productividad, problemas estructurales que lastran el desarrollo económico a largo plazo. Este crecimiento, si bien positivo en números brutos, corre el riesgo de ser insostenible si no se abordan las deficiencias que impiden una economía más robusta, competitiva y generadora de empleo de calidad, un pilar fundamental para el bienestar social.
Desde una perspectiva liberal, la informalidad es consecuencia directa de una excesiva presión impositiva y una regulación laboral asfixiante que desalienta la creación de empleo formal y castiga la iniciativa privada. Si el Estado no reduce su tamaño y su injerencia, y no se implementan reformas de mercado que simplifiquen la actividad económica, el crecimiento seguirá siendo una quimera para muchos argentinos. La baja productividad, por su parte, es un reflejo de la falta de inversión, la ineficiencia del gasto público y la ausencia de un marco que fomente la innovación y la competencia real.
¿Puede Argentina alcanzar un desarrollo sostenido y con inclusión si no enfrenta de una vez por todas los vicios de la informalidad y la baja productividad que la CEPAL advierte? ¿Qué reformas son urgentes para un crecimiento real y no meramente estadístico?