La reciente flexibilización implementada por las autoridades nacionales respecto a la importacion de autos argentina marca un punto de quiebre en la dinámica comercial del sector automotriz. La eliminación de trabas burocráticas y la reducción progresiva de aranceles de ingreso para ciertos segmentos buscan dinamizar la oferta local, incrementar la competencia y empujar hacia abajo los valores medidos en moneda dura.
En la lista de ganadores de este nuevo esquema se ubican, en primera instancia, las concesionarias multimarca y los importadores independientes. La posibilidad de ingresar unidades desde diversos orígenes a costos más competitivos les permite diversificar la oferta de modelos y captar a consumidores que buscaban renovar sus unidades con equipamientos tecnológicos avanzados. Asimismo, los compradores particulares resultan favorecidos por una mayor oferta y la paulatina moderación en los precios de autos cero kilómetro.
Por el contrario, el sector de fabricantes locales y las terminales automotrices radicadas en el país observan con marcada cautela la medida. Con costos de producción internos que continúan condicionados por impuestos provinciales y logística, las plantas nacionales sostienen que la apertura comercial debe ser acompañada por una rebaja integral de la carga impositiva sobre la producción local para evitar desventajas competitivas desmedidas.
El mercado automotor avanza de este modo hacia una reestructuración profunda en donde convivirá la producción nacional enfocada en utilitarios con una creciente oferta de autos importados en segmentos de pasajeros. ¿Logrará la industria local adaptarse a este escenario competitivo sin resignar puestos de trabajo e inversión productiva?