La inminente llegada de un "Súper Niño" a Argentina, con la amenaza de lluvias intensas y tormentas severas, pone en jaque la capacidad de respuesta del Estado y la resiliencia de nuestra infraestructura. Históricamente, cada evento climático de esta magnitud expone las deficiencias en planificación urbana, drenajes y sistemas de alerta temprana. La improvisación y la falta de inversión preventiva suelen ser la constante, dejando a miles de ciudadanos a merced de la naturaleza.

Es vital que el gobierno actúe con celeridad y eficacia, más allá de la retórica. La burocracia y la asignación ineficiente de recursos no pueden ser excusas ante una emergencia previsible. La protección de vidas y bienes debe ser la prioridad absoluta, exigiendo una gestión proactiva y no meramente reactiva. ¿Aprenderemos de los errores del pasado o veremos nuevamente la inacción estatal frente a una catástrofe anunciada?