Un hallazgo científico encendió las alarmas de las autoridades sanitarias nacionales y provinciales de cara a la aproximación de los meses estivales. Estudios de laboratorio realizados por organismos especializados confirmaron que poblaciones del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, presentaron altos niveles de resistencia a los insecticidas piretroides habitualmente utilizados en las campañas de fumigación masiva.
La investigación reveló mutaciones genéticas específicas en los ejemplares analizados en varias provincias del NOA y NEA, lo que provoca que las fumigaciones tradicionales en la vía pública pierdan efectividad para erradicar al vector adulto. Este fenómeno surge como consecuencia de la aplicación repetida e indiscriminada de los mismos químicos a lo largo de campañas anteriores.
Ante esta evidencia, los expertos en salud pública exigen un replanteo inmediato de los protocolos de control vectorial. Las recomendaciones priorizan la adopción de larvicidas biológicos, el cambio hacia ingredientes activos alternativos de mayor costo y, fundamentalmente, la intensificación de las medidas comunitarias de descacharrado y eliminación de criaderos domiciliarios de agua estancada.
El impacto de este fenómeno podría traducirse en un inicio más temprano de la curva de contagios si no se corrigen a tiempo las estrategias de intervención municipal. La prevención química pasa a ser una herramienta secundaria frente al control ambiental y la vacunación focalizada.
¿Están los municipios preparados para modificar sus estrategias de fumigación antes de las primeras oleadas de calor?