El mercado financiero argentino comenzó el mes de septiembre con una marcada tónica alcista tanto en la Bolsa porteña como en los activos que cotizan en Wall Street. Las acciones de los sectores energético y bancario lideraron los incrementos, impulsadas por un renovado interés de fondos internacionales por ingresar en instrumentos de renta variable local.
En paralelo a la escalada de las acciones, los bonos soberanos en dólares registraron subas sustanciales que permitieron comprimir el Riesgo País hasta la zona de los 500 puntos básicos. Este indicador clave, elaborado por JP Morgan, alcanza de este modo sus valores más bajos en años, acercando a la Argentina a la posibilidad teórica de reingresar a los mercados voluntarios de crédito internacional.
Entre los factores que explican este entusiasmo financiero se destacan la continuidad del superávit fiscal primario y financiero, el proceso sostenido de desinflación y la expectativa favorable por el avance de reformas legislativas tendientes a desregular la economía. Los inversores extranjeros leen estos indicadores como señales concretas de consolidación macroeconómica.
No obstante, analistas bursátiles recuerdan que el correlato financiero debe trasladarse a la economía real a través de inversión productiva duradera y generación de empleo genuino. El rally de los activos financieros es una condición necesaria pero no suficiente para un desarrollo sostenible.
¿Logrará esta compresión del riesgo país traducirse pronto en crédito accesible para las empresas y pymes argentinas?